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Milagro de Navidad

Lun Dic 22, 2008 11:54 pm por Admin

Milagro de Navidad

Que el hombre no es guerrero por naturaleza lo demuestra este
extraordinario relato, que tuvo como escenario los campos de batalla de
la Primera Guerra Mundial. Un milagro de navidad que en los tiempos
actuales sería casi impensado de realizar, y que remite a un
espíritu en extinción, donde la maquinaria de guerra no permite
cuestionarse acerca de las verdaderas motivaciones que llevan a los
hombres a enfrentarse en conflictos bélicos donde matar al otro, es
la consigna a seguir.
El entusiasmo con que los países europeos partieron a la guerra en
agosto de 1914 se esfumó para diciembre de ese mismo año
después de un millón de muertos. Y para Navidad, el desencanto se
hizo sentir de un modo único en la historia bélica: una oleada de
paz que comenzó con un villancico recorrió todo el frente,
llevó a los soldados de ambos bandos a sellar una tregua contra la
voluntad de sus superiores, trepar de las trincheras y encontrarse
desarmados en esa tierra de nadie sembrada de cadáveres. Ahí,
durante dos días y a lo largo de cientos de kilómetros, miles de
alemanes y británicos intercambiaron regalos, tomaron champagne,
cantaron villancicos, armaron arbolitos, se cortaron el pelo, jugaron al
fútbol, cavaron tumbas, rezaron juntos y enterraron a sus muertos. La
decisión de los generales terminó con esa paz espontánea
largamente ignorada por los historiadores y cuya impronta más
indeleble sobre la faz de la Tierra es haber hecho mundialmente conocida
la canción "Noche de paz, noche de amor". En el flamante La
pequeña paz en la Gran Guerra, del que Radar traduce algunos
fragmentos, el alemán Michael Jürgs reconstruye esos pocos días
de paz durante la Primera Guerra Mundial a los que conspicuamente se
opuso un ignoto cabo llamado Adolf Hitler.

Por Michael Jürgs

Al principio es uno solo el que canta "Noche de paz, noche de amor". La
melodía del nacimiento de Cristo suena baja: perdida, se mece en el
paisaje muerto de Flandes. Pero luego el canto comienza a encenderse
como una ola sobre el campo, y "rifle contra rifle, desde la línea
larga y oscura de las trincheras suena el todo duerme en derredor". De
este lado del campo, a cien metros de distancia, las posiciones de los
británicos permanecen en silencio.

Los soldados alemanes están de buen humor, canción a canción se
alza un concierto de "miles de gargantas de hombres a derecha e
izquierda", hasta que se quedan sin aliento. Cuando se apaga el
último tono, los de allá esperan un minuto y empiezan a aplaudir y
a gritar "Good, old Fritz", o "More, more". Los alabados Fritzes
contestan con "Merry Christmas" y "We not shoot, you not shoot".
"Nosotros no disparar, ustedes no disparar". Y lo dicen en serio. Ponen
velas sobre la punta de sus bayonetas, que sobresalen casi un metro por
encima de las trincheras, y las encienden. Parecía la iluminación
de un teatro, le escribirá un soldado inglés a sus padres. Con el
escenario así iluminado, acaba de realizarse el ensayo general de la
obra que se desarrollará en la frontera oeste durante los días
siguientes. Acá y allá y en todas partes, desde el mar del norte
hasta la frontera suiza.El Intendente celestial produjo para Flandes las
mejores condiciones metereológicas. Al caer la noche de este 24 de
diciembre de 1914 –y la oscuridad ya llegaba a las cuatro y media de
la tarde– el viento cambió de dirección. Un cielo estrellado
"nos saludaba desde la casa del Todopoderoso" y la suave luz de la luna
llena "prestaba al bello y amplio paisaje a lo Rembrandt de Flandes una
impresión de agradable paz". Gloria a Dios en las alturas, paz para
los hombres en la tierra, anuncia el Evangelio para este día. Pero
ante la evidente ausencia de una autoridad divina en la tierra,
espontáneamente alemanes e ingleses (y, con mayor cautela, franceses
y belgas) deciden no dispararse entre ellos. Nunca antes en la historia
de una guerra surgió una paz así, de abajo. Nunca más volvió
a repetirse. En 1914 no hubo en la frontera uno o dos casos de paz, en
realidad hubo un espontáneo movimiento pacifista a lo largo de
cientos de kilómetros y miles participaron de él. Esta gran
historia de Navidad está formada por muchas pequeñas historias.
Miles de cartas la describen detalladamente. Hay que contarlas todas.
Sólo así ocurre el milagro.

Fotos del encuentro entre ingleses y alemanes en la No Man´s Land
tomadas por el soldado anglosajón Turner (abajo, en el centro, con
anteojos). No Man´s Land, tierra de nadie: entre las trincheras yacen
durante meses los cuerpos insepultos de los soldados caídos antes de
festejar la navidad de 1914, sus compañeros acordaron enterrarlos.

Piezas de un rompeguerras

La paz de los de abajo empezó algunos días antes con medidas
pacifistas. Por ejemplo en Armentières, detrás de la frontera
belga. Los alemanes de origen sajón, en lugar de tirar granadas de
mano, tiraron tortas de chocolate. Adentro, había un papel escondido.
Los alemanes preguntan si no es posible declarar una tregua para esa
noche entre las 19.30 y las 20.30. Su capitán cumple años y
quisieran dedicarle una serenata. Los ingleses accedieron. Es más: se
pararon al lado de sus trincheras, escucharon la música y hasta
aplaudieron. Para que nada saliera mal, después de una hora los
alemanes dispararon un par de veces al aire para anunciar el fin de la
fiesta. Esto muestra que se toleraban treguas espontáneas. Una guerra
en la que los soldados están durante meses a la distancia de un grito
los unos de los otros tiene sus propias leyes, y crea su propia
cercanía.

El soldado voluntario Goldschmidt, que hablaba perfectamente inglés,
descubre tras interrogar a un prisionero que un pariente suyo se
encuentra en la trinchera de enfrente. Su cuñado, que vivía en
Londres, era jefe de una compañía inglesa. Por eso es que los dos se
entendieron enseguida en esa Nochebuena. Desde ahora no se dispara
más, y cuando los alemanes arman su acostumbrado arbolito y cantan,
los del otro lado "la pasan bomba y nos desean feliz Navidad". Los
alemanes les tiran regalos a los ingleses y reciben a cambio galletas y
corned beef, los otros quieren principalmente queso, pan negro y
bizcochos.

El artillero de la brigada London Rifle piensa que los de allá se
volvieron locos. Además de velas, los alemanes encendieron
lámparas de petróleo iluminándose a sí mismos, algo que en
circunstancias normales equivaldría a un suicidio. Un hombre de su
propia compañía también parece haberse vuelto loco: "Uno de los
dementes de nuestro regimiento salió de la trinchera y empezó a
caminar hacia las líneas alemanas". Ese loco se llama Turner y se
encuentra con un alemán en el medio de esa extensión de tierra
entre ambas líneas de trincheras que pasó a la Historia con el
nombre de No Man's Land (NML, Tierra de nadie). Turner es chicato. Pero
esta noche no importa, la luna está lo suficientemente clara y
alcanza para reconocer las sombras. ¿No tiene miedo de que le
disparen? Puede ser. Nunca lo sabremos. En todo caso, se sabe que Turner
sobrevivió a su excursión. Porque al día siguiente hizo
historia: el Día de Navidad se llevó su cámara de bolsillo a la
NML y fotografió a dos alemanes junto a dos de sus camaradas.

Atrás, en algún lugar, un par de ingleses cantan el himno nacional
de su país. Los sajones del otro lado los aplauden. Luego piden una
canción, y los otros acceden al pedido. Un poco más arriba, un
mensajero alemán lleva un árbol de Navidad hasta la frontera
enemiga. Al tomarlo, los ingleses encuentran un papel proponiendo una
tregua navideña. Se encuentran a medio camino para ultimar los
detalles.

En Pervize, entre Nieuwpoort y Diksmuide, las tropas alemanas levantaron
un cartón por encima de su trinchera: instaban a los belgas a olvidar
la guerra por al menos una hora. Una sola hora de paz. Después, cada
cual podría volver a su posición. El teniente Naviau, jefe de la
división, no lo piensa mucho y acepta. Más tarde perdería por
ello un ascenso a oficial.

"Festejamos Navidad juntos como hermanos. Los alemanes nos trajeron
regalos, nosotros no teníamos nada. Ellos incluso ofrecieron vino."
Después empieza de nuevo, más bien sin ganas, el tiroteo cotidiano
de un lado al otro.

Los alemanes ofrecieron una tregua. Pero la cosa no quedó en los
acostumbrados intercambios de galletas por pan, pudding por tabaco.
¿Gustarían los Gentlemen tal vez un poco de cerveza? El
depósito de la cervecería estaba lleno y no, no tenían por
qué preocuparse, no es que los quisieran emborrachar, se trataba de
una cerveza muy liviana. Los ingleses dudaron, pero no mucho. Venga esa
cerveza.

Sin esperar respuesta, pues a último minuto podría haber venido la
orden de quedarse en las trincheras, los soldados trepan al alba de sus
trincheras. Al principio son cientos, pronto serán miles. Se
encuentran en campos sembrados de muertos, llenos de pozos y
cráteres, con enemigos a los que, dos días antes, les hubieran
disparado de sólo verlos. La Tierra de nadie se convierte en Tierra
de todos.

El entendimiento no es casi nunca un problema. Muchos soldados de
infantería hablan inglés porque ya estuvieron alguna vez en
Inglaterra. Los voluntarios aprendieron la lengua del enemigo en las
escuelas de las que pasaron, sin escalas, a esta guerra que nadie
creía posible.

Además de la calma conjunta antes de la próxima tormenta,
además de la sensación de estar entre hombres que comparten un
mismo destino, la paz de Navidad sirvió de forma bien práctica. En
algunos lugares los enemigos llegaron a intercambiar herramientas, pues
el día fue utilizado para reforzar las posiciones. También esto
fue parte de la locura. Nunca en la historia de las guerras ocurrieron
hermandades de este tipo. "Fue lo más hermoso de la guerra", dijeron
más tarde los testigos en los diarios ingleses. Aunque por orden de
arriba la paz no duró mucho, el hecho de que haya tenido lugar es "la
mejor y más conmovedora historia de Navidad de nuestro tiempo", como
dijo el historiador inglés Malcom Brownen en su libro Christmas Truce
(1984), el primero que trató el milagro en la frontera occidental.
Pero no fue sólo la Navidad de los de abajo. También los oficiales
estaban hartos. Por eso hicieron la vista gorda o directamente
participaron del armisticio que sus subordinados empezaron sin pedirles
permiso.

Desobedecieron las órdenes de sus superiores, pero por las dudas
escribieron en sus informes que sus hombres rechazaron virilmente
cualquier intento de amistad. Eso podría explicar por qué algunos
historiadores, basándose en esos documentos, ni tratan el tema, o
sólo lo mencionan en una nota al pie. Sin embargo, la paz navideña
de 1914 no fue una aparición aislada, sino un movimiento de masas.
Eso se pudo ver después de la fiesta. Y se usaron todos los medios
para presentarla como un asunto marginal, sin importancia.

El entusiasmo con que los pueblos europeos partieron como borrachos a la
guerra en agosto de 1914 se esfumó para diciembre de ese mismo año
después de un millón de muertos. Se ahogó en sangre. No es un
milagro que ocurriera uno en Navidad. No es un milagro que los alemanes,
en lugar de su himno de sacrificio "Deutschland, Deutschland über
alles" cantaran la canción de la "Noche de paz, noche de amor". Una
hermosa melodía, un texto sentimental, por esa época sólo
popular en Alemania y Austria. Pero como fue el himno de la paz
navideña en Flandes se hizo famoso después de esa primera noche de
tregua bélica.

Todas las voces todas

El estudiante Rickmer en una grabación que guarda el Imperial War
Museum de Londres: "Tomamos una champaña en la NML, fumamos y
conversamos. Fue un momento de hermandad en el sentimiento compartido de
que debíamos parar esta guerra de una vez por todas. Los generales se
enteraron después e hicieron todo lo posible para que algo así no
volviera a ocurrir jamás".

Anota un inglés: "Estaba lleno de gente. Intercambiaron regalos de
sus respectivos países. Hablamos alemán e inglés y nos
entendíamos sin palabras. Nos señalábamos mutuamente dónde
estaban colocadas las minas. No teníamos con nosotros ni un
cuchillo".

Recuerda Carl Mühlegg, a sus 80 años: "Los soldados treparon de
sus trincheras y se encontraron en la NML, soldados que no se hicieron
nada y que no eran enemigos personales, que tenían padres, mujeres e
hijos en casa y que ahora, en el milagro de Navidad, en el mito del
nacimiento de Cristo, se hacían regalos mutuamente e intercambiaban
apretones de manos".

El general brigadier Edward Graf Gleichen: "Salieron de sus trincheras y
caminaron alrededor con paquetes de cigarrillos, deseándose feliz
Navidad. ¿Qué debían hacer nuestros hombres? ¿Disparar? No
se puede disparar contra hombres desarmados".

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